De cómo volé con un libro vivo, sobre las alas del Tyabekoroti

Luego de 9 meses en cuarentena, he subido a un bus.

Está vacío. Todos enmascarados. Alcohol en gel. Hoy ha sido inevitable la salida.

¿Aló, Rodrigo?

-Sí, estoy llegando- me responde.

He bajado del bus, cruzo la calle San Martín y llego a la dirección indicada. Se oyen perros ladrar. No tarda ni tres minutos y llega. Camina despacio y trae algo en sus manos.

-Son mis perros- aclara. Sin comida ladran como bestias.

Abre la puerta e ingresamos a su hogar. Casa pequeña, llena de múltiples objetos.

-Siéntate- me dice - ¿Qué quieres saber?

Hay mucho por hablar pienso, ¿por dónde empiezo? ¿le digo que me cuente su infancia? ¿Dónde está mi cuadernito de preguntas? Lo olvidé, mi mente está en blanco. ¿Por dónde empiezo? Veo por la ventana y recuerdo la imagen de aquel abuelo…sí, por ahí empezaré. El abuelo volador.

“Siempre escribió, desde niña, tenía un cuadernito donde anotaba todas sus ideas. El abuelo volador fue editada en URPI, cuando trabajaba en la revista. No es cierto que fue editado póstumamente. Al final de los días mi madre ya no escribía ni pintaba, estaba muy cansada. Miastenia gravis era el diagnóstico, le dolía el cuello, no dormía bien. Huachana de origen, viene a Barranco a los 16 años cuando obliga a su padre a traerla a Lima pues ella quería estudiar en la Escuela de Bellas Artes. La familia se traslada a Barranco, en casa del hermano de mi abuela en la calle Bresciani, pero antes vivieron en la quinta de los Prada, pero era bastante cara. Odiaba el colegio, las monjas eran muy toscas”


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Fuente: Rodrigo Nuñez Carvalho


¡Era un alma libre! – me decía a mi misma. Los perros se han sentado a mi lado. Me siento en casa.

“Mi mami tenía un padre que la engreía demasiado, eso hizo que fuera educada en casa. Pero las hermanas mellizas no, ellas fueron al colegio, mi mamá era rebelde. Mi abuelo deliraba por hijo hombre pero al no tenerlo, mi madre fue su luz, tuvo de todo, mi abuelo era dueño de agencia naviera y llevaba a todos lados a mi mamá. A los 12 ó 13 debió empezar a tocar el piano y luego quería una maestra de pintura por ello, al llegar a la edad de casi 18 años el abuelo le pregunta qué quería hacer y ella le dijo “pintura” en la Escuela de Bellas Artes. Entra en una época muy florida, estaba Hernández a la cabeza, pero a su muerte (creo) entra Sabogal. Él acaba siendo como un padre protector, influye en ella, en la corriente indigenista y se genera un movimiento pictórico de gran magnitud. Mi mamá tiene todo eso en sus diarios, e incluso uno de sus diarios está escrito en “clave”

¿clave?...hago una pausa, en mi mente resuena “A Big Day Ahead” de Ari Posner y Amin Bhatia…¡es un gran día!- respiro profundo.

“El vínculo con la literatura llega desde pequeña. Ella leía muchos libros de la Editorial Calleja de España, leía mucho y en la escuela de Bellas Artes dejó de lado un poco la escritura. A mi padre lo conoce aproximadamente en el año 1931, pero entablan relación allá por el año 1933, mi padre le regalaba libros, libros, libros y mamá siempre se quejaba “¿por qué siempre me regalas libros?” pero, aun así, hay algo que la marca para siempre: “La decadencia de occidente” de Oswald Spengler y el otro es “La montaña mágica” de Thomas Mann. A mi madre le impacta La Montaña Mágica y mi padre continúa reforzando su pasión por la literatura. Hay algo más…María Wiesse, la esposa de Sabogal, ejerce gran influencia en ella, ambas eran muy amigas. Llega 1935, nace la primera hija, mi padre tenía que hacer unos papeles a Cuzco, y ella viaja con él, van a Arequipa, luego a Puno, donde conoce a los baluartes del indigenismo, Alejandro Peralta y después al Cuzco y así mi madre entra en contacto con los artistas de provincia.”


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Ahora parece que me transporto al son de “contigo hasta el amanecer” de Alejandro Vivanco… “Aquí ya venimos, aquí ya llegamos linda huamanguina”… la guitarra y la quena me acompañan, parece que la veo bailar al lado de Estuardo al son de un huayno.

“En 1941 hace un viaje a Chanchamayo con mi padre, con una tía (hermana de mi padre) y Juan Lanfranco y esa zona acaba siendo la fuente literaria de Rutsí. La hacienda del cuñado de mi madre es grande y ella entra en contacto con los pobladores de la zona, Asháninkas, lo cual la deja impactada”

Mi corazón palpita, la voz de Yessica Sanchez llega a mis oídos, de lejos, Tyabekoroti. Ya no estoy aquí, estoy en el río, veo al Padre Río, cierro mis ojos, sigo escuchando.

“Desde entonces, empieza a escribir para niños. Cosa curiosa, mi padre, en plena segunda guerra mundial es invitado por EEUU por 8 meses, visita bibliotecas, da conferencias, escucha charlas, mi madre en Lima con 3 hijos y un embarazo se queda y encuentra el tiempo para plasmar sus ideas, escribe, escribe…recordando todo lo que vivió en Chanchamayo. Al retornar de su viaje, mi padre queda impactado y le dice a mi madre que presente el cuento y es así que gana el premio Farrar & Rinehart, pero no llegan a editar la novela. Jorge Basadre, amigo de mi madre, empieza a preparar una biblioteca escolar y es entonces que editan por primera vez “Rutsí, el pequeño alucinado” con ilustraciones de ella. El original de esas ilustraciones…desaparecieron. Desde entonces, se empieza a conocer a esta escritora. Esa es la historia que antecede a Rutsí”

¡Tyabekomperopero ya- ya!

Un padre en un navío: Una sombra en la ventana

Una niña con mucha imaginación que educada en casa: El molino de los peces rojos

El vínculo con sus hijos, tradiciones y costumbres: La niña del espejo

Su influencia indigenista: La nochebuena de Jacinto

Hermanas gemelas: bajo las ramas del lúcumo

Su pasión por la selva: Rutsí

No era para menos, un alma libre, tal como menciona Charlotte Mason, una mujer que leyó libros vivos, que la abrieron un mundo de posibilidades con un anhelo: revalorar lo propio, la diversidad cultural, el imaginario colectivo.

Mientras ordeno mis ideas, camino por la calle San Martin de regreso a casa, me detengo en la calle Bresciani, miro alrededor, pareciera que sus pasos me acompañan, como las sombras de aquella ventana, miro arriba, una cometa…un niño a mi lado vuela una cometa, observo el cielo con detenimiento y de la cometa pareciera reflejarse a lo lejos a un abuelo, un abuelo volador que me saluda, pero esta vez no corta el hilo, al contrario, me invita a volar con él, he cogido entonces el hilo de la cometa y me dejo llevar, vuelo alto, lejos y desde arriba veo como la ciudad se va haciendo pequeñita, veo a Rodrigo: -gracias- le digo – gracias por presentarme a tu mamá…a Cota Carvallo.

Hay más – parece decirme Rodrigo

¿hay más?

Sin duda, hay más.

Por hoy, vuelo con el abuelo mientras sigo observando la ciudad pequeñita.

Mañana continuo.

¡Tyabekomperopero ya- ya!